¿Cómo podemos tomar decisiones que glorifican a Dios?
Tomar decisiones puede ser un trabajo difícil y abrumador. Cada día y cada momento tomamos decisiones tal y como pedir comida en un restaurante, con quién casarnos, o qué auto manejar, o si debemos adquirir una casa, o dónde pasar nuestras vacaciones, qué teléfono celular debemos comprar, o qué clase de jugo de naranja (o jugo de china) tomar. También nuestras decisiones pueden tener repercusiones que nos afectan por el resto de nuestras vidas y afectan a nuestros seres queridos o extenderse hasta la cuarta o quinta generación. Miren el ejemplo de Adán y Eva y podemos ver la desgracia que trajo a millones de personas la mordida “inocente” del fruto de la ciencia del bien y del mal. Sin embargo los cristianos tenemos una ventaja única de tomar decisiones porque somos informados por la Palabra de Dios. Antes de tomar una decisión debemos de considerar tres factores.
1. Debo de obedecer la voluntad de Dios que esta revelada en la Escritura. Es simple, si la Biblia lo prohíbe, la acción es sencilla: No lo voy hacer. De igual manera si una de sus opciones le causa que sea negligente a algo que Dios mando específicamente que debe de hacer, tiene que tomar la decisión que le permite cumplir con su obligación bíblica. Un ejemplo de esto es que Dios requiere que sea activo en una iglesia local según Hebreos 10:25 “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca.” Una decisión que le prohíbe cumplir este mandamiento es contra de la voluntad de Dios y por lo tanto no glorifica a Dios. Para poder cumplir la voluntad de Dios cuando toma una decisión debe contestar una pregunta, ¿Qué dice la Palabra de Dios sobre esto? Si dice algo, obedécelo. 1 Juan 5:3 “Pues este es el amor a Dios, que guardemos sus mandamientos; y sus mandamientos no son gravosos.” Si no dice nada, tiene libertad y no tenga miedo de perder la voluntad de Dios o pecar contra Dios (Romanos 14:2-6, 22).
La voluntad de Dios respecto a sus mandamientos está revelada con una autoridad suprema y decisiva, solo en la Biblia. Y necesitamos tener una mente renovada para comprender y aceptar lo que Dios ordena en las Escrituras. Sin una mente renovada, distorsionaremos las Escrituras para evitar sus radicales mandamientos acerca de la abnegación, el amor, la pureza, y la suprema satisfacción que solo hay en Cristo. La voluntad autoritaria de Dios respecto a sus mandamientos, se encuentra solamente en la Biblia. Pablo dice: “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia” (2da de Timoteo 3:16). No solo es útil para preparar al hombre para algunas buenas obras sino “para toda buena obra”. ¡Cuánta energía, tiempo, y devoción debemos emplear, los cristianos, en la Palabra escrita De Dios! Esto nos lleva al punto número dos.
2. Una buena decisión requiere que tenga sabiduría bíblica. Sabiduría viene por el estudio diligente de la Palabra de Dios juntamente con la provisión generosa de Dios (Santiago 1:5). Para tomar decisiones sabias necesita buscar toda la información necesaria, considere las opciones cuidadosamente, busque consejo piadoso, y después escoja la opción que es más sensible (Proverbios 2:1-11). La sabiduría viene atreves de una mente renovada. (Romanos 12:2)
Lo que necesitamos tener es una mente renovada, que esté tan moldeada y que sea tan gobernada por la voluntad de Dios revelada en la Biblia, que seamos capaces de ver y valorar toda circunstancia relevante con la mente de Cristo; y discernir qué es lo que Dios nos está llamando a hacer. Esta actitud es muy diferente a estar constantemente tratando de escuchar la voz de Dios diciéndonos qué debemos hacer. Las personas que tratan de guiar sus vidas escuchando voces, no están en concordancia con Romanos 12:2.
Existe una enorme diferencia entre: orar y trabajar por una mente renovada que discierna cómo aplicar la Palabra de Dios (por un lado) y el hábito de pedirle a Dios que nos dé una nueva revelación sobre qué debemos hacer (por otro lado). La adivinación no requiere transformación. Lo que Dios quiere que tengamos es una mente renovada, una nueva forma de pensar y juzgar, y no simplemente información nueva. Su objetivo es que seamos transformados, santificados, libertados, por medio de la verdad de su Palabra revelada (Juan 8:32; 17:17). El discernimiento y sabiduría necesaria para aplicar las Escrituras a las nuevas situaciones de la vida es necesario para tomar decisiones y esto es logrado mediante una mente renovada.
3. Finalmente debe considerar su propio deseo. Si la Biblia esta silenciosa sobre su decisión y una opción no es claramente más sabia que la otra, entonces haga lo que desea. Tiene la libertad para hacerlo, y la soberanía de Dios trabajara el plan de Dios por sus deseos. Mire los siguientes versículos:
a. Salmo 37:4 “Deléitate asimismo en Jehová, y él te concederá las peticiones de tu corazón.”
b. Filipenses 2:13 “porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad.”
Tengamos cuidado en la forma que actuamos en la vida sin una reflexión consciente antes de actuar. Mucho de nuestro comportamiento no es premeditado. O sea, la mayoría de nuestros pensamientos, actos, y acciones son espontáneos. Son simplemente un desbordamiento de lo que tenemos dentro. Jesús dijo, “Porque de la abundancia del corazón habla la boca. El hombre bueno de su buen tesoro saca cosas buenas; y el hombre malo de su mal tesoro saca cosas malas. Y yo os digo que de toda palabra vana que hablen los hombres, darán cuenta de ella en el día del juicio” (Mateo 12:34-36).
Dios dice mandamientos tales como: No se enoje (Mateo 5:22). No sea orgulloso (Proverbios 21:4). No codicie (Éxodo 20:17). No esté ansioso (Mateo 6:25-34). No sea celoso (Santiago 3:16). No envidie (Marcos 7:21-23). Y ninguna de esas acciones (la ira, el orgullo, la codicia, la ansiedad, los celos y la envidia) son premeditadas, simplemente salen del corazón sin reflexión o intención consciente y a causa de ellas, somos culpables. Esas acciones quebrantan la voluntad de Dios y dañan nuestras decisiones.
Conclusión
El proceso mencionado presupone que usted está sometido a Cristo (Santiago 4:7) y lleno del Espíritu Santo (Efesios 5:18). De otra manera no podrá tomar decisiones bíblicas, porque el pecado segara su habilidad de entender y aplicar la Palabra de Dios en su vida. Pero, si tiene una relación íntima y vital con el Señor Jesucristo y está caminando en el Espíritu, al contrario de la carne, tiene la libertad de tomar decisiones después que no viole la voluntad revelada de Dios. No debe estar preocupado que las decisiones que toma descarriara la voluntad soberna de Dios para su vida, porque Dios trabaja sus decisiones para lograr Su propósito.